Sentí más allá del betún de Judea por vestido, que lloraba por hacer algo.
Por aquel amor que se me cayó de las manos, cuando me las lavaba.
Sentí por sentir que era más las llamadas, que los silencios que se callaban.
Por ver lo que no debía, cuando los ojos me tapaba.
Ahora lloro, lavo las llamadas. Y callo lo que veo, amo lo que no siento.





