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Corto (y cambio)

Mi nostalgia es de luna, se hace cráter, se me lía como cigarro y mi corazón se la fuma.

Te besé el primer beso, que acaricié a dos manos abiertas.
Para llamarte a tres voces bajo la ventana de tu cuarto piso aguardillado.
Me creí tu antepenúltima mentira para caer en la desgracia de mi desdicha.

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<<Tenía una lepra en el corazón>> “Indian Song”. M. Duras.

Cuento del llanto ya llorado

6 Diciembre 2008 Príncipe de Luna 1 Comentario

“Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo, nunca lo he preguntado. Creo que me han hablado de ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al transponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida”.

Marguerite Duras


Era temprano y aún las nubes eran sonámbulos soldados que velaban al sol. Dentro de una cocina cualquiera, amueblada con lo poco que se puede permitir las personas modestas. Allí cabizbaja y de rodillas limpiaba. Sólo usaba un trapo desgastado que enjugaba en sus lágrimas para aclararlo. Frotaba cada resquicio como si condenada estuviera de hacerlo. Comenzó a nublarse la vista del mismo llanto y apretó con más fuerza el trapo como si agarrase sus cadenas.

> ¿Qué daría una madre por sus hijos?< Dijo. >Yo he dado mis dos pechos para alimentarlos. Y he lavado el suelo que pisaban con mi sangre. Escupiendo a cada mancha para que pudieran salir. Yo he dado el pecho izquierdo para salvar a uno de ellos, y el derecho para abonar la tierra donde se alimentaban. ¡Ninguno ha servido! <. Llora. > ¡Ay!, mis flores; con lo bellas que las planté. Seguiré limpiando con mi aliento el humo que los envuelve, aquel humo que los ciega. <

Se toca el pelo. Coge su larga cola y se la quita. La arroja por la ventana.

>Mi nombre es María, como la dolorosa que sufre en montes calvarios que queman las plantas de mis pies. Mi nombre es Luisa, como ser humano que sólo vive para que los demás disfruten. Yo, sólo yo cargo kilos de mordiscos en el alma. He sostenido en mis brazos, los cuerpos inertes de figuras de porcelana. He sujetado la infancia que no he tenido. Intentando hacer que no se me escape calle abajo. ¡No, no te marches!<.

Deja de limpiar. No le encuentra sentido, ya no tiene más lamento.

>He esperado los brazos de una familia. Y sólo me he tapado con grandes edredones de recuerdos que tenía que tener y no tengo. Poco abrigo me han dado, menos me dio el pecho de mi madre. Sólo me queda lavar los pasos de mis hijos. Purgar pecados que voy a cometer<. Llora sin lágrimas. >¡Mis hijos!. Bebo la sangre de los cordones que nos unieron. La lamo, no me da asco. Soy persona de almidón, la cual hunde sus pasos en barro. Soy Maluniense*. Bienvenidos al rincón que no suelo limpiar porque me duele demasiado. Mi alma<.

*(Maluniense, es como suelo decir a una gran amiga, María Luisa Porras, a la que solemos llamar Malú)

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