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El día

Según vivimos, actuamos de un modo u otro. Dependiendo siempre de aquellas cartas, que nos han dado para una partida, sabida de antemano, perdida.

“Sonrió iluminando aquella noche con la compañía de varios destellos de algunas explosiones que iluminaron el lugar donde nos encontrábamos. Nos anudábamos con movimientos felinos. Su respiración tan cercana a mi oído me erizaba el pelo. Creía que mi corazón explotaría en cualquier momento, confundiéndose con los disparos del exterior. Su gemido se grababa en mi mente como los colegiales grababan su nombre en la corteza de los árboles. El tiempo debía parar sin explicación alguna para que de ese modo yo me acercarse al sentido de mi vida. Nuestro cabello se enredaba al mismo son que sus muslos a mis caderas, con ese movimiento constante de mar contra roca, de la rama que nunca se parte contra cristal de la ventana en la noche.” Escribí una vez…

Algún día, se oirán como caen los ángeles desnudos del cielo, en algún momento que no esperemos que pase nunca más.

Algún día, se quitarán las ropas las monjas recatadas para sorprender a las nubes, que sinceras ni las miran.

Y cuando llegue aquel día, ese momento que no nos llega. Sonreirán los pájaros con los picos engalanados. Aquel día, en el que explotará el corazón palpitante en la boca.

Algún día que aprendamos a hacernos el amor, un día que no sabemos en qué calendario se esconde, ni en qué agenda está anotado.

Ese día que se repetirá en sus noches.

Algún día.



Javi, anoche creo que soñé.

Riendo me tumbé, guardando debajo de la cama, en una caja vieja de zapatos; el sol. Tiré por la ventana las manillas del reloj dejándolo en sillas de ruedas. Mi taquicardia extrema, me tranquilizó. Sentí levantar con poca ansia la sábana junto a mí, para notar entre suspiros ese juego que no se jugaba a nada. La ciudad dormía apagada en luces cansadas de trabajar.

Su sudor amargo se me calaba en la piel, entorpeciendo mi respiración. El frío me estremeció en uno de mis constantes movimientos en intentar mirarlo.

Me senté en la cama dándole una patada a la vieja caja de zapatos. Intentando saber, si anoche, soñé.


“Como todo va por dedicatorias. Va dedicado a Javi. ¿Necesitas ahora más razones?”

Corto (y cambio)

Mi nostalgia es de luna, se hace cráter, se me lía como cigarro y mi corazón se la fuma.

Te besé el primer beso, que acaricié a dos manos abiertas.
Para llamarte a tres voces bajo la ventana de tu cuarto piso aguardillado.
Me creí tu antepenúltima mentira para caer en la desgracia de mi desdicha.

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<<Tenía una lepra en el corazón>> “Indian Song”. M. Duras.