Archivo

Artículos etiquetados y‘amor’

No sé, aún sabiéndolo todo.

No sé, si de algo sirve que sople el viento; cuando susurra las hojas. Arrancando las hojas, dejando, que las ramas se hagan el amor con un roce discontinuo.

No sé si has pensado, si te sirve de mucho o poco, mirar las estrellas con desespero. Yo las miro, con desespero, quizás con más del que yo pensé en un principio al mirarlas. Ahora me doy cuenta, que las miro porque las siento, tan cerca; tan a mi lado.

He pensado tanto en esta lejanía, que me azota el pecho en un mar profundo y oscuro. Y hago referencias, porque son las que me guían. Son las que navego.

Muero cada día, cada noche. Muero un poquito en cada momento que respiro, que suspiro haciéndome daño en los pulmones. Soñando en ser un príncipe encerrado, esperando con desespero tu rescate. Con el mismo desespero que miro las estrellas.

No sé si también, alguna vez has pensado qué pasará luego. Cuando cada pliegue de tu piel bese a otro pliegue. Cuando ya no veas con decencia, ni sientas el frío como cada invierno. Que ya ha cierta edad mires a un lado, si has pensado en qué encontrar. Yo pienso en estar ahí sentado. Besando los pliegues de tu piel, agarrándote con fuerza del brazo porque ya no ves como antes. Cuidando que el frío del invierno, sólo me sienta a mí.

No sé, si has hecho balances en una vida, que te ha tocado trabajar. Yo cada día me los hago, y el peso de ellos es tan aplastante, que las certezas las guardo debajo de la cama, con polvo, pelusas y otros llantos. Escribo un libro, que tal vez te lea; guardado en tu mesita de noche. Escribo un libro, que tal vez te envíe, y lo guardes en tu mesita de noche. Un libro con mis miserias, con mis certezas con el polvo y las pelusas que tapan todos esos llantos.

No sé, si sentimos de un modo parecido cuando nos resbala el agua en el cuerpo. Si piensas en que no debes, si pienso en que deberías.

No sé, por qué tardan tanto tus abrazos venidos del tren de la mañana. Si llegamos a comprender dónde tiramos el tiempo, a qué cubo azul de reciclaje.

No sé, si sabes lo que siento, lo que comprendo. Lo qué haría, dejaría. No sé, lo que piensa tu alma.

No lo sé.

Categorías:Uncategorized Etiquetas:, , , , ,

Tu Foto…

“La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie”.

Marguerite Duras. EL AMANTE.


Voz: Anoche me acosté mirando el techo, el corazón me palpitaba, me palpitaba el torso; el cuerpo.

Anoche me acosté con las piernas arqueadas, intentando esperar parir algo, o ser tomado a la fuerza. Dejé a un lado la hombría con el sueño atrasado de varios días. Y mi pecho lleno de orgasmos, hacía saltar chispas en la noche.

Anoche me acosté sin apoyar la cabeza en la almohada, dejando un hueco abismal. Acostado en el recuerdo de no olvidar, de ser el amante que se ha saciado.

Anoche esperé a la muerte que no llegaba, citada con la vida en algún pub. Dormido me quedé, sudando por culpa de las sábanas que me tapaban.

En la noche que no se me terminaba me acosté con el cuerpo tendido mirando al techo. Esperando despertar en el sueño que se me antojaba.

Anoche me acosté, porque no tenía nada nuevo que hacer, porque todo lo había recordado. Me acosté solo, con mis brazos haciendo cruces en el colchón.

Y la noche se me terminaba.

El día

Según vivimos, actuamos de un modo u otro. Dependiendo siempre de aquellas cartas, que nos han dado para una partida, sabida de antemano, perdida.

“Sonrió iluminando aquella noche con la compañía de varios destellos de algunas explosiones que iluminaron el lugar donde nos encontrábamos. Nos anudábamos con movimientos felinos. Su respiración tan cercana a mi oído me erizaba el pelo. Creía que mi corazón explotaría en cualquier momento, confundiéndose con los disparos del exterior. Su gemido se grababa en mi mente como los colegiales grababan su nombre en la corteza de los árboles. El tiempo debía parar sin explicación alguna para que de ese modo yo me acercarse al sentido de mi vida. Nuestro cabello se enredaba al mismo son que sus muslos a mis caderas, con ese movimiento constante de mar contra roca, de la rama que nunca se parte contra cristal de la ventana en la noche.” Escribí una vez…

Algún día, se oirán como caen los ángeles desnudos del cielo, en algún momento que no esperemos que pase nunca más.

Algún día, se quitarán las ropas las monjas recatadas para sorprender a las nubes, que sinceras ni las miran.

Y cuando llegue aquel día, ese momento que no nos llega. Sonreirán los pájaros con los picos engalanados. Aquel día, en el que explotará el corazón palpitante en la boca.

Algún día que aprendamos a hacernos el amor, un día que no sabemos en qué calendario se esconde, ni en qué agenda está anotado.

Ese día que se repetirá en sus noches.

Algún día.