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Archivo para Septiembre 2008

El marinero que marineaba

12 Septiembre 2008 Príncipe de Luna 1 Comentario

Ahora, sentado en la arena fina, no le queda otro remedio a mi mente; que la de recordar lo que no ha podido ser olvidado.

 

 

         Acabó su viaje en las islas, buscando errante fortuna para su familia en desdicha.

Trabajó en todo lo inimaginable soñando siempre con el olor a sal de aquel, su verdadero y lejano mar. Y para finalizar en sus tareas, se embarcó en la pesca de los sueños que pudiesen picar con cebos de pequeños trozos de su corazón.

La luna sonreía maliciosa desde su techo de cristal. Y con tres estrellas por compañía lloraba solo en altamar. Despertaron sus gemidos huracanes, nubes, tormentas y la furia de mil elementos más. Luchó por su equilibrio, hasta que el barco sin poder evitarlo, se hundió.

Las algas se le enredaron y los corales le sirvieron una fría manta en donde descansar.

Y el buscavidas incansable trabajador, marinero en última estancia; murió.

 

-¿Por qué sigues llorando joven lobo de mar?-. Dijo un pez cualquiera.

-Quiero volver a mi mar, descansar en sus cálidas arenas. Y aunque no lo haya conseguido lo que vine a buscar. En sus aguas, que son de espejo; hacerlo por siempre; en paz-.

 

Las corrientes del océano, mujeres frías sin corazón, ni patria, ni nadie a quien cantar. Se apiadaron de su reclamo, bailando por sus costados. Haciéndolo volar.

La luna, en manto azul oscuro de empañado cristal, no veía a su marinero. No tenía a quien hablar.

Los caballos marinos reclamaban en un séquito de relinchos el llegar a algún lugar. Y el mar en sus calientes aguas lo acogían en abrazos salados donde por fin su llanto apaciguar.

Cerró los ojos. Se recostó a dormitar.

Y el hombre sin ninguna vida. Descansó.

 

 

Evocando evocar.

La hora del escritor que duerme

9 Septiembre 2008 Príncipe de Luna 1 Comentario

         En las noches en las que no puedo conciliar el sueño, toda la habitación se me hace un gran universo a mí alrededor. Perdido en un lateral, sin rumbo definido, yo.

Sólo espero que todo por un momento se pare de golpe, sin previo aviso. Y me deje por un momento contemplar, cuidadosamente, la imagen borrada de tu fotografía. Aquella que aún guardo en el cajón, junto mi cama.

Me equivoqué al conocerte, ya que desde entonces rezo con fuerza, aferrado a un rosario de soledad.

Empapado en sudor, te añoro, vuelvo a mi cama sin rumbo. Me tapo como se tapa un moribundo, sin nadie que pueda arroparlo. Pero sintiendo al menos el frío de la fotografía entre mis manos. Que como si fuese objeto sagrado, la beso y le pido deseos. Anhelos de mi alma ciega, rogando a un Dios sin cobertura, haciendo demasiadas peticiones sin haber rellenado antes ninguna solicitud.

Significas demasiadas cosas para mi corazón, y creo que por eso debería arrojarlo fuera de mi pecho. Y yo de nuevo, en callejones sin salida, me hago demasiadas preguntas en busca de la solución.

En esas noches, me despierto dando un fuerte brinco sobre el caballo traidor del sueño. Vuelves a mi memoria en esas noches en las, que el reloj camina en su sentido contrario.

Te siento en esas ocasiones, sólo en esas noches, cerca de mí; a mi lado.

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Esas horas, las que no tenemos

4 Septiembre 2008 Príncipe de Luna 1 Comentario

Hace ya algún tiempo que se quedó, algún tiempo que me saluda con el mismo beso de todas las mañanas; al menos para mí.

Desde ese momento, en las horas muertas de los días, me rodeo de recuerdos.

Retengo en mi mente los segundos en los que su mirada de cada noche se me clava desde arriba y sobre la almohada.

Cada vez que lo veo salir de la habitación la soledad me roza con un lazo frío y húmedo. A veces la confundo con su presencia. Su aliento regresa a mi boca esfumando todos los pensamientos antes retenidos.

Ahora comienza el invierno, lo veo entrar con la caída de las hojas sobre la escarcha del amanecer. Acaricio la ventana dejando una huella borrosa, parecida a la mancha que se extiende dentro de mi pecho.

Vi al sol una mañana danzar sobre las nubes, antes de la llegada del estío a la estación, pero me aburrió.

Sus brazos son delicadas alas rotas. Todo lo que me rodea ha cambiado, sus besos, los míos; su voz y mi rostro.

Me quedo boquiabierto, mirando como respira mientras duerme. Y cada vez que pestañeo me atrevo a decirle un secreto.

El mundo es débil, y con cada giro se estrella contra mi cabeza. Es una estupefacta bola de cristal y silencio. El mundo ya no es mundo. Le susurro en el oído, borrando las falsas esperanzas, pidiéndole que me lo de todo o nada.

La cama cruje con maldad, no me quiero mover; no me atrevo. No lo quiero despertar porque su letargo es dulce. Mientras, lo espero sin descanso subido en viejas sábanas usadas. Aún hoy esfuerzo mi mente y recuerdo el futuro y si lo intento un poco más logro ver el pasado.

Me pregunto: ¿cuánto hemos llorado?, ¿hemos podido llenar incluso algún mar? Seguro que han rebosado amargos lagos y secado los ríos.

La gente que diga lo que quiera, ya que yo seguiré a su lado. Solamente piensan en sus temores. Creo, que no es más hombre la persona por acostarse con una mujer. Y ellas más señoras por andar sobre sus tacones.

Todo es una imagen rota y gastada por el azar. Logro darme cuenta del mandato de los divinos humanos que nos obligan a seguir éste camino hacia delante. (Hacia atrás).

Cierro las cortinas, celoso de que lo toque el sol antes que yo. Volvemos a una deliciosa oscuridad. El aire ruge con violencia en la calle, haciendo que me hunda más en la cama.

En la noche, solo tuvimos el alimento mutuo de nuestra saliva, bebiendo de sus pestañas para calmar la sed.

Todo ha cambiado, sus lágrimas, las mías; su rostro y mi voz.

Aún continuo boquiabierto, cuidando que el aire que traga no le siente mal. No me atrevo a despertarlo, ni a contar nada más.

Solamente se escapa un te quiero, y el mundo; lo ha de condenar.

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