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Quinto de E.G.B

25 enero 2012

Andaba yo, pequeño y perdido en una vida que no era la mía, mirando siempre por las ventanas. Escribiendo en el pupitre y al llegar a casa, me encerraba en mi cuarto para oír música.
Don Diego era el profesor que todos siempre queríamos tener. Ese que una vez, algunos tenemos la suerte de tener. Con sus barbas recortadas y una chaqueta de cuero marrón que lo apartaba del resto del profesorado
Un día se me acercó

-Tu problema es que siempre andas buscando entre granos de arena. Buscas y buscas, con las manos, con los pies. Piensas que encontrarás algo, lo que sea. Pero sólo encuentras más arena, piedras y alguna concha. Algún día mirarás al cielo y podrás ver las estrellas-

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Solo, no lo sé.

23 enero 2012

No sé, si de algo sirve que sople el viento cuando susurra las hojas. Arrancándolas, dejando que las ramas se hagan el amor con un roce discontinuo.

No sé si has pensado, si te sirve de mucho o poco, mirar las estrellas con desespero. Yo las miro, con desespero, quizás con más del que yo pensé en un principio al mirarlas. Ahora me doy cuenta, que las miro porque las siento, tan cerca; tan a mi lado.

He pensado tanto en esta lejanía, que me azota el pecho en un mar profundo y oscuro. Y hago sopas de letras con falta de ortografía, para alimentar los palpitares de mi alma. Tu alma.

Muero cada día, cada noche. Muero un poquito en cada momento que respiro, que suspiro haciéndome daño en los pulmones. Soñando en ser un príncipe encerrado, esperando con desespero tu rescate. Con el mismo desespero que miro las estrellas.

No sé si también, alguna vez has pensado qué pasará luego. Cuando cada arruga de tu piel bese a otro arruga. Cuando ya no veas con decencia, ni sientas el frío como cada invierno. Que ya ha cierta edad mires a un lado, si has pensado en qué encontrar. Yo pienso en estar ahí sentado. Besando las arrugas de tu piel, agarrándote con fuerza del brazo porque ya no ves como antes. Cuidando que el frío del invierno, sólo me sienta a mí.

No sé, si has hecho balances de una vida, que te ha tocado trabajar. Yo cada día me los hago y el peso de ellos es tan aplastante, que las certezas las guardo debajo de la cama, con polvo, pelusas y otros llantos. Escribo un libro, que tal vez te lea  guardado en tu mesita de noche. Escribo un libro con mis miserias, con mis certezas con el polvo y las pelusas que tapan todos esos llantos.

No sé, si sentimos de un modo parecido cuando nos resbala el agua en el cuerpo. Si piensas en que no debes, si pienso en que deberías.

No sé, por qué tardan tanto tus abrazos venidos del tren de la mañana. Si llegamos a comprender dónde tiramos el tiempo, a qué cubo azul de reciclaje.
No sé, si sabes lo que siento, lo que comprendo. Lo qué haría, dejaría. No sé, lo que piensa tu alma.

Sólo una cosa sé.

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Luna

14 enero 2012

La luna nos acosa, dentro de frascos de cristales, porque enjaulada la dejamos bajo abrazos desenlazados

La luna nos mira inquieta, en un cielo que la nubla, porque se siente celosa de los besos que besados se exterminan

La luna es nuestra amante y cansada se queja, del amor que desprende mi pecho sobre tu pecho inquieto.

Yo te miro con la luna iluminada

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¿Crisis de cliente?

8 enero 2012

Se terminó la temporada, esperada para algunos y odiada por otros, de la Navidad.

Este año ha sido un año bastante marcado por las alarmantes cifras de desempleo y de la constante crisis económica. Pero durante ésta dura etapa, tanto empresas como consumidores, no deben renunciar a la calidad del servicio.

Durante esta última temporada ha sido reiterado mi descontento sobre los servicios que algunas compañías me han ofrecido como consumidor.

Concretamente me vengo a referir de los servicios de “Carrefour”, mucho más concreto a su centro comercial Rosaleda (Avda. Simón Bolivar, s/n, Málaga)

 

Este centro comercial, tan afamado en la ciudad por ser el primer gran centro comercial pionero en la ciudad, se acude reiteradamente miles de malagueñas/os para realizar sus compras cotidianas. Por cercanía, es el centro que siempre acudo a realizarlas también y es por ello que cada vez veo más el declive del centro y me fastidia. Mi caso se reduce concretamente en tres sucesos:

 

  • “Las falsas ofertas”: Lunes tarde realizando una compra. Cuatro carteles de la segunda unidad al 70% en productos navideños llenaban la mesa de los turrones, mazapanes, … Yo, aprovechando la oferta hice una mediana compra de la oferta, pero al llegar a caja cual fue mi sorpresa en la que la oferta había terminado el Sábado. Tuve que dejar la compra ya que era imposible aplicar la oferta.

(Yo trabajo como dependiente y de forma diaria comprobamos las ofertas de toda la tienda para asegurarnos de aquello que ofrecemos. Y en algunos casos parecidos a un error de la empresa aplicamos el descuento ya que es algo en el que el cliente no tiene culpa alguna de nuestro reclamo. Comprendo que un centro comercial es enorme y la comprobación de precios eterna, pero ¿los reclamos en primera plana de la cartelería con el segundo producto al 70%?)

 

  • “El trato al público”: Dos días después del incidente de los precios, regreso a realizar la compra en Rosaleda y ésta vez decidimos llevarnos una caja de surtido navideño (ya que no hemos podido comprar nada anteriormente). Pero el surtido elegido se encuentra sin precio. Una de las trabajadoras del centro se encuentra con una máquina revisando etiquetas y reponiendo. Me dirijo a ella para saber cómo puedo saber el precio del artículo. Ella ni me mira y alterada comienza a indicarme que no puede ayudarme y que me dirija a un lugar que me indica con aspavientos con las manos para consultar el precio.

(No pido que la susodicha trabajadora me acompañe agarrados de la mano sobre baldosas amarillas como en el mago de hoz, hasta llegar al punto indicado. Pero creo que la educación es primordial ante los servicios. Si me dirijo a alguien espero que esa persona me indique dónde puedo ir, aunque todos podamos tener un mal día, la profesionalidad es algo que debemos interponer ante personas ajenas a nuestros posibles problemas)

 

  • “Las eternas colas”: Al pasar las odiseas para poder realizar las compras, llegar y encontrarse con interminables colas para poder terminar. Las cajas abiertas son cinco y las colas se introducen en los pasillos. Las cajeras deben de llamar para pedir cambio, comprobar precios, consultar códigos… Y la paciencia de los clientes se agotan aumentando el descontento.

(¿No es lo más lógico si queremos aumentar el consumo que lo primordial sea que haya más gente trabajando?. Ofreciendo además que los clientes puedan realizar compras rápidas y de forma cómoda para que puedan repetir. ¿Durante ésta temporada alta, no se aumenta suficiente los beneficios para poder invertir en contratación que se prefiere reducir el gasto aún más repercutiendo en el servicio y en la calidad?)

 

 

 

Las circunstancias que nos rodean son complicadas, son difíciles. Pero en nuestra mano queda que dejemos de ver problemas y de vernos el ombligo, para comenzar a coger las críticas y construir sobre ella un futuro mejor. Todos, no sólo los meros trabajadores, deben de realizar esfuerzos y la empatía ser primordial en nuestras relaciones. Directivo-Trabajador-Cliente.

No debemos renunciar a la calidad del servicio, sea éste el que sea, ya que repercute directamente en el cliente.

Si queremos aumentar beneficios o buscar razones de nuestras pérdidas, deberíamos realmente dejar de culpar al cliente y comprobar aquellos puntos que debemos mejorar nuestro servicio.

 

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